relato erótico gay

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Yo iba a un colegio privado, donde todos los profesores eran curas, muy estrictos en todo, tanto en las aulas como en los deportes, en las filas y reuniones o en las comidas. A mí siempre me han gustado los deportes en general, pero reconozco que en ese tiempo no los practicaba muy a menudo. Me encanta la natación, la gimnasia, la lucha libre y el voleibol.
De siempre, que yo recuerde, me he fijado en algunos compañeros de clase, en los chicos con los que coincidía en los recreos, en la sala de actos o en el comedor. En mi misma clase había varios chavales de mi edad que me atraían, no se porqué, eran para mi como si tuvieran un imán, me gustaba mucho observarlos, sobre todo cuando estábamos en el patio haciendo gimnasia.

Mi nombre es Jordan, en aquella época mi cuerpo no estaba todavía desarrollado por el deporte, así que estaba bastante delgado pero fibroso, el pelo castaño claro y ojos azul claro, mi estatura era 1,67.

Uno de los días que llegué tarde a la clase de gimnasia, me amonestaron y me castigaron a quedarme una hora de mas en el gimnasio y yo ya estaba pensando en el aburrimiento que me esperaba al estar solo. Cuando llegó la hora me dirigí al gimnasio, al entrar vi que no estaba sólo, ya que habían castigado a dos chavales mas.
Uno era de mi clase, se llamaba Fernando pero todos lo llamaban por el apellido, Chaparro, sin embargo su físico y su cara no iban con su apellido, era más alto que yo y tenía ojos verdes intensos con un pelo rubio paja lacio y que le enmarcaba una cara angulosa y labios carnosos. Parecía un rufián. Su físico estaba bien formado para nuestra edad, era delgado, cintura estrecha, pectorales marcados y todo en él resultaba proporcionado. Chaparro solía hacer bastante deporte, de ahí ese cuerpo de infarto.
El otro chico era de la clase de al lado, yo le había visto en el patio y en el comedor. Tenía mi altura, su piel era aceitunada, como la gente de Canarias, sus ojos marrones y la cara como cortada por un hacha de angulosa que era, su cuerpo puro músculo, porque hacía pesas y lucha libre.

Cuando nos vimos los tres en el gimnasio nos reímos porque ya no sería tan aburrida la hora de castigo. Empezamos a jugar con una pelota al baloncesto, al cabo de unos minutos vino el profesor de gimnasia para ver si estábamos allí y nos dijo que cerraría por fuera hasta cumplir el castigo, no fuera que nos iríamos antes.

Al cabo de un rato de jugar, empujarnos y quitarnos la pelota, paramos a descansar. En ese momento nos pusimos a hablar de diferentes cosas, como de los compañeros de clase y amigos. Nos pusimos a mirar en el vestuario por si había alguna revista o algo con que entretenernos. Los tres estábamos vestidos con el uniforme de gimnasia: un pantalón muy corto azul, y camisetas de tirantes. Al fin Víctor, que era el chico moreno, encontró una revista de hombres musculosos haciendo todo tipo de deportes.
Viendo aquellas fotos hacíamos comparación con nuestros cuerpos jóvenes. Había una foto que nos llamó la atención, un gimnasta colgado en los aros haciendo el Cristo. Era perfecto, todos los músculos en tensión, las piernas bien juntas con su pantalón blanco ajustado, remarcando la hermosura de su virilidad.
Nos quedamos atónitos, por su gran volumen. Hicimos chistes tontos al respecto, pero ninguno apartaba la vista de la foto.

Chaparro se puso de pie haciendo la misma pose de la foto. Nosotros le decíamos que tenía que estar en los aros para ver si el marcaba lo mismo que el de la foto. Fuimos a los aros y lo aupamos para que llegara a cogerlos. Una vez colgado no consiguió hacer la misma posición que tenía el gimnasta, a lo más que llegó fue quedarse como la mojama de colgado hasta que no aguantó más. Lo ayudamos a bajar y le dijimos que mas adelante a lo mejor llegaría a hacerlo. Con el contacto de bajarlo, yo le había rozado los genitales, y entonces se dio cuenta que entraba en erección. Se puso colorado pero no le dio importancia. Sin embargo empezamos a hablar del tema, empezamos hablando del cuerpo en general y decidimos tomarnos las medidas. Por supuesto Víctor era el más corpulento, seguido por Chaparro y yo en último lugar.

Con tanto sobeteo yo tenía una erección mayúscula, pero no fui el único. Cuando nos dimos cuenta Chaparro tenía una mano frotando la verga de Víctor y la otra pellizcándome una tetilla. Nadie decía nada, sólo se oían los jadeos de Víctor. Viendo lo bien que lo pasaba Víctor decidí hacer lo mismo con Chaparro. No lo podía creer, siempre disfrutaba del sexo gay en el videochat de frikinternet.com pero nunca pensé que algún día tuviese contacto real con otros hombres. Le puse la mano en la cara y se la acaricié, pasándola con suavidad por encima de sus ojos, su nariz respingona y sus labios bien torneados, al llegar a ese punto se puso mi pulgar en la boca, lamiéndolo y chupándolo. Parecía muy natural todo lo que hacía, con mi otra mano dejé de tocarme y metí mi mano en el interior de sus pantaloncillos para tocar su verga a placer. Mientras yo masturbaba al rubio chaval, Víctor me sacó la verga y los huevos por encima del pantalón, lo que me produjo un inmenso placer al sentir su mano tocando y acariciándolo todo.

Sin decirnos nada, solo mirándonos, nos quitamos toda la ropa. Yo me puse enfrente de Víctor y Chaparro se puso detrás. Empecé a lamerle las tetillas, dándole mordisquitos, mientras él me lamía la oreja dándome tanto placer como yo a él, al tiempo que me masturbaba. Por su parte, Chaparro con una mano lo masturbaba y con la otra le masajeaba la rajita del culo mientras él se restregaba por ese duro culito. Me agaché delante de la verga de Víctor y empecé a pasarle la lengua, nunca lo había hecho, pero me apetecía, ya que era una grande y hermosa verga. Los suspiros y gemidos que daban los dos eran porque lo estaban pasando bien.

Tuve un momento de duda y paré, apartándome de ellos y levantándome. Víctor se puso rígido y Chaparro, se percató que pasaba algo. Víctor me preguntó si me pasaba algo y yo le dije que si querían estar a solas que los dejaba. Chaparro se acercó a mí pidiendo disculpas porque me había dejado de lado y no quería que me fuera. Así lo dijo Víctor también.
Entonces cambiamos de posiciones, como si fuéramos un tren, yo en medio, delante mío dándome la espalda Chaparro y detrás mío Víctor. Yo acariciaba todo el cuerpo de Chaparro, desde el cuello, bajando por los pectorales, ciñéndole la cintura contra mi y tocándole su miembro y sus huevos, que parecían a punto de estallar. Por su parte, Víctor me giró media cara para darme un beso en la boca. Era tan intenso que yo no podía respirar, me fue metiendo la lengua hurgando todos los rincones de mi boca. Al principio me había sorprendido, pero al momento reaccioné haciéndole lo mismo a él. Sus dos manos masajeaban mi trasero, con mucha suavidad, pero sus caricias iban avanzando hacia el centro de mi ano. Me estaba dando tanto placer que me quería morir.

Paramos un momento para tomar un respiro, ya que en varias ocasiones estuvimos a punto de corrernos. Así nos acercamos a la colchoneta de gimnasia y nos tumbamos en ella, nos miramos los tres y empezamos a darnos unos ávidos besos en la boca, como lo habíamos hecho Víctor y yo, pero esta vez a tres bandas. Fue de locura, si uno no tenía experiencia, la absorbía rápidamente y se ponía a la altura de los demás. Al poco tiempo hicimos como un círculo en la colchoneta. Cada uno lamía y chupaba con ahínco la verga y los huevos del que tenía delante. Al cabo de un rato, noté como Chaparro lamía mi agujero del culo al tiempo que me separaba las nalgas, mi agujero parecía que tenía vida propia, se dilataba y se contraía, al igual que mi verga. Notando esta sensación, probé hacer lo mismo a Víctor, que lo tenía delante de mí. Que placer sentí al oír el gemido que dio Víctor en cuanto le metí mi lengua dentro de su agujero. Miré por encima y vi que él empezaba a hacer lo mismo a Chaparro. Yo me envalentoné y mojándome un dedo en la boca le fui haciendo un masaje en el ano, que se dilataba por momentos. Primero fue un dedo, con suavidad y poco a poco le introduje dos dedos, dándole masaje circular en el interior, para que dilatara. Al poco empecé a sacarlos y a volver a meterlos mojándolos con mi boca. En ese momento noté un dedo dentro de mi, casi se me saltan las lágrimas de alegría por ser desflorado (aunque fuera con un dedo) por Chaparro, que siempre me había gustado, y ahora más.

Cambiamos de posición, yo me puse tumbado hacia arriba, el rubio se ubicó de rodillas entre mis piernas y Víctor con las rodillas a cada lado de mi cabeza. Yo le chupaba los huevos y la hermosa verga, que casi me ahoga, pero me encantaba. Asimismo él me chupaba mi verga y el rubio me había levantado un poco el culo y lo succionaba con mucho deleite para mí y supongo que para él también.

Víctor dejó de chupármela y empezó a mamársela a Chaparro, al tiempo me levantaba las piernas. Hubo un momento de silencio, porque todos habíamos parado y nos miramos los tres. Yo asentí y Víctor le dijo al rubio que lo hiciera con cuidado. Él asintió. Íbamos a experimentar algo pecaminoso y prohibido. Víctor fue al vestuario y al momento vino con un bote de crema para las manos. Abrió el tarro y se untó dos dedos en la crema. Me empezó a meter un dedo y después el otro en mi agujero para que dilatara, asimismo Chaparro se puso crema en su verga. Se terminaron los dedos, tocaba la hora de la verdad; el rubio acercó su capullo a la entrada de mi ano y poco a poco se fue introduciendo dentro de mí. Al principio me dolió, él me miraba esperando alguna señal mía. Cuando me dejó de doler yo empujé hacia él para darle a entender que siguiera. Víctor no apartaba la vista donde galopaba Chaparro, eso que veía le gustaba porque empezó a endurecerse de nuevo. Casi me ahoga al metérmela en la boca, me llegó hasta el fondo de la garganta. Mientras yo deliraba de placer por las arremetidas constantes del rubio, le oía susurrarme lo mucho que yo le gustaba y no de ahora, sino de tiempo atrás.

Víctor sacó su polla de mi boca y se ubicó detrás de Chaparro, se untó con crema su verga y después pasó mas crema por el ano del rubio para dilatarlo. Así poco a poco le fue metiendo su enorme verga, al tiempo que el rubio me la metía a mi. Chaparro, se quejó por el dolor que le produjo el empujón hasta el fondo de su culo. Yo mientras le acariciaba el pecho, la cintura y le ponía los dedos en la boca. Pasado el primer dolor ya no se quejó, sino que acompasaba su mete-saca con el mete-saca de Víctor. De verdad era una gozadazo, no podía aguantar mas y estaba a punto de correrme. Les avisé y los dos dijeron que estaban a punto igual que yo, entonces fue lujuria, fogosidad e ímpetu. Todos gemíamos de puro placer y éxtasis. Empezó unas enculadas fuertes como si nos fuera la vida en ello, cuanto mas empujaba Víctor en el culo del rubio, mas me la metía éste, pensé que me partían en dos. Minutos después yo me corría como un loco salpicándome hasta la cara. Chaparro cogió mi leche con su mano y se la puso en la boca a Víctor, después él hizo lo mismo y al final el resto fue a mi boca. Pensé que no me gustaría pero me equivoqué, me encantó.

Al momento, casi al mismo tiempo, gritaron Víctor y Chaparro. Éste se corrió dentro de mí, notando los impulsos de los chorros de semen y él a su vez notó la corrida de Víctor en su interior. Agotados nos tiramos en la colchoneta, dándonos caricias y besos.

De repente oímos ruido y nos vestimos rápido porque podía ser el profesor del castigo. Efectivamente era él, que abría la puerta con la llave. Nos pilló vestidos, encima la colchoneta y sudados. Dijo que como habíamos estado haciendo deporte y estábamos sudados, que fuéramos a las duchas y que nos podíamos ir después. Se marchó sin darse cuenta de nada. Mejor para nosotros, teníamos tiempo de reponernos.

Fuimos a las duchas y nos enjabonamos unos a otros, haciendo bromas, nos lavamos a fondo. Me estaba enjabonando el culo, cuando Víctor me cogió el gel y siguió el enjabonándome el ano, entonces me dí cuenta que estaba empalmado otra vez. Me metió los dedos con jabón y volvía a dilatar ese agujero del placer, y yo ya estaba dispuesto de nuevo. Con cuidado me introdujo el capullo, pero Chaparro se puso detrás de él y le empujó las nalgas contra mí para que entrara toda de golpe, como se lo había hecho a él. Me dolió pero fue pasajero porque ya me habían desvirgado antes.

Notaba esa dura estaca dentro de mi y gemía de placer, el rubio enjabonó el ano de Víctor, al igual que me había hecho él a mi. Lo penetró hasta el fondo, no hubo quejas por parte de Víctor, sólo gemidos de placer. Volvimos a tener un buen sexo, entrando y saliendo esa verga de mi culo al mismo tiempo que se lo hacían a él. Chaparro salió del culo de Víctor, se puso delante de mí y se agachó para hacerme una mamada. Una vez estaba ya a punto, dejó que me follara a Víctor. Así fue como me vi, follándome un culo redondo y duro que era una gozada. Entraba y salía dándome un enorme placer y a Víctor también, porque con sus manos me cogía mis nalgas para apretarme mas a él. El rubio dijo que le tocaba a él recibirme dentro. Víctor se apoyó de cara a las baldosas y el rubio lo enculó de un solo golpe. Yo me puse jabón en la mano y en la verga para disfrutar de mi querido amigo rubio, primero tanteé el agujero y estaba dilatado por la excitación. Me dijo que se la metiera de golpe. Así lo hice. Jadeó un poco, pero después me susurraba palabras cariñosas, incitándome a que me corriera dentro de él.

Empezamos la cabalgada cada vez con mas fuerza, había gritos y gemidos de placer que se escapaban de nuestras bocas. Por fin llegó el momento, avisé que me corría dentro. Él aceptó gustoso empujando aún mas hacia atrás al tiempo que yo me corría en su interior. Él chillaba de place, al hacer lo mismo dentro de Víctor. Sólo quedaba una cosa, hacer que Víctor se corriera. Me puse de rodillas detrás de él y Chaparro delante. Mientras él le hacía una mamada yo le comía el culo con deleite y seguimos así hasta que se corrió encima del rubio.

Ya no podíamos mas, estábamos agotados pero felices los tres. Después de ducharnos de nuevo nos vestimos y salimos del colegio. Al separarnos y decirnos adiós, todos pensábamos ya en la próxima vez que nos castigasen a los tres de nuevo.

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