relato erótico

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Hola, mi nombre es Jessica y les escribo para contarles lo que viví hace un tiempo. Todo comenzó cuando tenía 17 años. En ese tiempo yo vivía en casa de mis padres y tenía al frente de mi casa a la mejor amiga que he podido tener hasta ahora. Les daré mi descripción física para que me imaginen todos aquellos que están leyendo esta historia: tez blanca, cabello castaño casi acercándose bastante al rubio, y mis ojos de color azul. Como ya se habrán dado cuenta desde chiquita he llamado la atención del sexo opuesto, porque mis características no son muy comunes entre la gente de mi entorno, todo eso lo heredé de mi abuela que era una mujer preciosa y de muy buen corazón. Mi nombre es Sofía y antes de comenzar a relatar mi historia les tengo que decir que todo lo que a continuación les voy a contar me ha ocurrido en la vida real.

En el colegio conocí a muchas amigas y chicos que de uno u otro modo siempre noté que terminaban mostrando interés por mí. Es por esto que en varias ocasiones he sido victima de la envidia de muchas compañeras, de forma directa o indirecta. En la escuela, desde los nueve años conocí a la que sería mi primera y mejor amiga de toda la vida, ella se llama Carolina y vivía a dos cuadras de mi casa, por lo que la amistad entre las dos se reforzó bastante al encontrarnos tan cerca.

Ya cuando estábamos teniendo nuestros primeros coqueteos casi inocentes con los chicos de nuestra edad, a Carolina un día la vio su madre conversando con un chico que le gustaba, desde ese día a Carolina le prohibieron muchas de las salidas a las que estábamos acostumbradas. Teníamos que ingeniárnoslas para pasar tiempo juntas, con eso fui aprendiendo que la amistad verdadera siempre prevalece a pesar de las dificultades que se presentan en la vida. La nueva situación de Carolina nos obligó a hacer las tareas en su casa, porque a ella no la dejaban salir con facilidad de su casa. Creo que en ese año estuve más tiempo en su casa que en la mía.

Como todo llega a su tiempo, nuestra curiosidad por muchas cosas fue creciendo, en especial la mía, por lo que comenzamos a sentir necesidad de saber más acerca del la sexualidad y cosas por el estilo. Había veces en las que Carolina me incitaba a que hablase más acerca de qué chico era el que me gustaba más y cosas así. Fue así como nos convertimos en confidentes inseparables, fue justo por ese tiempo en que comencé a notar que me sentía atraída cada vez más por los chicos.

Un día mientras yo me había quedado sola en la sala de su casa tratando de resolver un problema del colegio, su padre se me acercó muy amablemente y se ofreció a ayudarme. A primera vista no era la gran cosa, él tenía alrededor de 35 años y se veía que era un hombre que tenía cierto aire de galán, pero a mí solo me interesaba la tarea del colegio y a decir verdad nunca me había fijado en él.

Un día en el colegio Carolina me contó algo que llamó bastante mi atención, pero me lo contaría después, porque ya estábamos a punto de comenzar la clase de Lenguaje. Esperé y esperé, ansiosa por saber de aquello, hasta que al fin se escuchó el timbre del recreo. Dirigí rápidamente mi mirada hacia Carolina, en el patio me diría lo que me había dejado pensando toda la clase.
-Bien, cuéntamelo todo.
-Esta bien, pero debe ser en un sitio en donde nadie nos escuche.
-¿Ya, pero es tan importante como dices?

Como jugando fuimos caminando hasta el baño y allí me dijo que había visto algo que le pareció que me iba a interesar. Resulta que ella estaba de visita en casa de sus tíos el fin de semana y por la noche cuando estaban todos durmiendo ella se despertó más o menos como a la media noche, tenía sed, y se fue a la cocina a buscar un vaso con agua para beber. Ya casi estaba por volverse a acostar, pero notó que en medio de la calma y el silencio había un ruido que venía del segundo piso. Ella no se pudo aguantar la curiosidad y paso a paso y con bastantes dudas empezó a subir por las escaleras que la llevaban al segundo piso en donde estaban los cuartos de sus tíos y de sus primos.

La emoción fue grande, me contó Carolina, pues mientras subía los escalones sentía como su respiración se agitaba por el miedo de ser vista, paso a paso la curiosidad la invadía al pensar que sus sospechas pudieran ser ciertas, hubo un momento en el que estuvo tentada a abandonar, pero continuó subiendo y se llevó una sorpresa mayor aún. Cuando ya estaba en le segundo piso pudo comprobar que el ruido sí venía del cuarto de sus tíos como ella había sospechado. Tragó un poco se saliva al sentir que no estaba bien que estuviera acercándose así al cuarto de sus tíos a espiar. Fue justo en ese momento en el que recordó que su tío había salido de viaje esa misma tarde, por lo que se preguntó que podría estar pasando en ese lugar. El tío había salido de casa por la tarde, despidiéndose de todos los presentes, por lo que se dio cuenta que el ruido no podía ser de la pareja dueña de casa. Pensó un momento y llegó a la conclusión de que era imposible que el ruido fuera ocasionado por las mismas razones por las que ella en ocasiones se había despertado de noche en su casa.

Pero como la curiosidad en casi todas las personas es un factor importante para lanzarse a hacer algo, esta no fue la excepción y Carolina se acercó a la puerta y se dio cuenta que aquel ruido venía de la cama de sus tíos. Es imposible, pensó Carolina, pero era real, al mismo tiempo que oía los ruidos de la cama moverse con fuerza y los gemidos de su tía, sufriendo y gozando, que le hacían pensar en lo más indecible para ella en ese momento, comenzó a excitarse al sentirse tan cerca de una escena tan llena de morbo para ella, la puerta estaba medio abierta y finalmente, después de pensarlo mucho, decidió adentrarse más para ver que estaba pasando. Se echó en el piso, para no ser vista fácilmente, y comenzó a arrastrarse por el suelo mientras que sus ojos empezaban a recibir las primeras imágenes de aquella escena.

Si bien no quería ser descubierta espiando, creía que debía saber con quien estaba su tía en el cuarto, se acercó más y vio a su tía debajo de un hombre, el cual le sostenía las piernas con los brazos. Obviamente estaban teniendo sexo, Carolina quedó paralizada y muy excitada al ver como estaban penetrando a su querida tía, sintió por primera vez como su entrepierna se llenaba de un calor insospechado y cómo su pequeño clítoris experimentaba una dilatación y un endurecimiento que no había tenido antes.

Sintió también que no podía contener los impulsos de su cuerpo, que le pedían que se sobara la entrepierna, y una sensación de excitación que nunca antes había sentido tan fuerte. Esta de más decir que Carolina de inmediato se bajó el pantalón y con las bragas a la altura de los muslos procedió a meterse en dedo en la concha, sobándose rápidamente y de forma desesperada, al mismo tiempo que experimentaba una sensación de tener el cuerpo a una temperatura muchísimo más elevada de lo normal, se mordía los labios de placer y no sabía cómo es que no había disfrutado de ese placer antes.

Al llegar a su casa, esa tarde, me dio más detalles acerca de su nueva experiencia. Yo ya había sentido eso antes, sólo que fue cuando me había quedado sola en mi casa viendo una película que de pronto se volvió de bastante contenido para adultos, en donde una pareja tenía sexo en un parque, así que nos comprendimos de maravilla.

Al pasar unos días más, luego de aquella mañana en la que me contó su experiencia, noté cómo su padre se nos había acercado más y hasta conversaba con nosotros de varias cosas. Poco a poco se fue ganando nuestra confianza y jugábamos a las cartas y otras cosas.

Una tarde cuando yo ya había terminado mi tarea, Carlo, el papá de Carolina nos estaba leyendo una historia muy interesante acerca de su vida y sin ninguna intención, lo juro, mi mirada fue a dar justo a su entrepierna. Por un momento me sentí confundida, no sabía que pensar. Fue casualidad, pero había despertado mi curiosidad, el haber visto que su entrepierna estaba creciendo, algo así como una carpa, así que desde ese momento creí que era mejor no ver más ese parte de su cuerpo.

Desde ese día la curiosidad se metió en mi cabeza y no podía disimular, cuando me ponía a mirar su entrepierna, la miraba con más atención que antes. Fueron muchas veces las que lo veía y no sucedía nada de nada. No crecía el bulto, así que por un tiempo dejé de mirar, hasta que un día, nuevamente de casualidad, vi que creció su bulto. Por mi mente pasó la idea de que debajo de ese pantalón había algo muy grande, en ocasiones me reía sola al pensar que a todos los hombres les debe de haber pasado lo mismo alguna vez.

Con el pasar del tiempo olvidé el asunto, así que todo se desarrollaba con normalidad, hacíamos la tarea en casa de Carolina y después jugábamos a lo que se nos ocurriera. Un día su padre me abrió la puerta y con una sonrisa algo extraña me dijo que podía pasar a la sala. Luego de un rato me dijo que Carolina se había ido con su madre a ver a su tía (esa tía no era a la que Carolina había visto siendo infiel a su marido). Le dije que no había problema, porque ese día solo habían dejado una tarea que yo sola podía hacer. Una vez más me sonrió y me hizo reír con un chiste, luego se ofreció a ayudarme de todas maneras para que pudiera acabar más rápido y así poder jugar a las cartas o a los videojuegos. La idea me agradó, y como a su lado siempre la había pasado bien, acepté encantada.

Mientras estábamos haciendo la tarea él me abrazó de con sus fuertes y musculosos brazos, y me sentí muy bien, y como yo no hice nada para sacármelo de encima siguió así durante toda la tarea. Yo pensaba que todo era solo por el cariño que sentía por mí, como amiga de su hija que era yo, así que lo tomé como algo normal. Luego de haber acabado la tarea nos pusimos a jugar con los videojuegos y luego me di cuenta que le había crecido el bulto de la entrepierna, así que me desconcentré y perdí el juego de carrera de autos. Era la primera vez que él me ganaba, yo siempre he sido buena con los videojuegos, así que se sintió feliz por haberme ganado. Yo no pude contener un poco de soberbia cuando dije que era la primera y última vez que me ganaría. Él se rió de mí, lo cual me causó mucha rabia y empecé a decir que yo era la mejor.

Al siguiente juego él me volvió a ganar, otra vez yo le había estado viendo el bulto, así que él se paró y haciéndose el importante, me dijo que ya se había aburrido y que mejor jugáramos a otra cosa. Mi orgullo se vio herido por no haberle podido ganar, así que le dije que si seguíamos jugando seguro que yo le ganaría todos los juegos. Él me miró sonriendo y me dijo que si quería seguir jugando debíamos apostar a algo, para que sea emocionante, de inmediato acepté, pero lo pensé dos veces cuando me dijo que si yo perdía tendría que quitarme una prenda de vestir y viceversa. Yo estaba segura de la victoria así que no demoré mucho en decir que sí. En ese momento vi que él puso una cara de gusto que antes no le había visto.

El juego comenzó y, para mi desgracia, una vez más él me ganó, así que tuve que sacarme la blusa, él me miró como mordiéndose los labios, yo no sabía que significaba eso pero presentí que le gustaba mirarme sin blusa, así como estaba. De inmediato pedí la revancha, no me importó que él mi viera así, él aceptó y el juego empezó muy reñido y estuvimos empatados casi hasta el final. Por un momento casi al final del juego, sabiéndome casi vencedora, cometí el error de volver a ver su bulto que otra vez había crecido bastante. La consecuencia fue mala para mí, perdí casi al último y por muy poco. Luego vino mi castigo por haber perdido, que yo más bien lo vi como un premio para él, pues al ver cómo me veía noté que su bulto le saltaba del pantalón y ponía una cara de gusto.

Ahora yo estaba con mi pequeño formador en los pechos y sin mi falda, me intrigaba la forma como él me miraba de una manera que nunca había visto hasta ese entonces en ningún hombre. Miraba mi cuerpo como si sus ojos no se pudieran despegar de mi pequeño sostén y mi calzón. Me sentía avergonzada, pero con ganas de seguir jugando para poder vengarme.

Sabía que le podía ganar y que si él me había ganado era solo porque yo me había distraído. En mi rostro las expresiones cambiaron cuando él dijo que ya se había aburrido del juego y que por más que yo lo intentara no podría ganarle. No lo podía creer, él siempre había perdido conmigo, pero de pronto de un momento a otro yo estaba cometiendo errores que antes no cometía. Le dije que yo tenía derecho a seguir jugando con él, pues hasta ese entonces era solo yo quien había perdido. Él me dijo que si quería que siguiéramos jugando yo tendría que aceptar nuevas condiciones. Esta vez mi castigo sería lo que él escoja, es decir que él tenía libre elección en mi castigo.

Bueno, con ganas de cobrármelas todas juntas acepté mi sumisión incondicional al castigo que él mi quisiera dar si yo perdía. Primero me hizo jurar que no le diría a nadie que es lo que ocurriría, a nadie, incluso a mi mejor amiga, su hija.

El juego comenzó una vez más y yo comencé a sentir unos nervios que mermaron mi capacidad de jugar bien. Aunque el juego fue muy reñido y hubo un momento en el que yo me estaba llevando una victoria aplastante, él logró recuperarse poco a poco y poco a poco fue disminuyendo mi auto confianza. Al final él me ganó, pero esta vez por bastante diferencia. No pude disimular mi decepción al ver que él se sonrió una vez más y me hizo recordar que yo le debía un silencio incondicional a lo que pasaría en ese momento.
-Quizá lo que vas a ver nunca antes lo has visto.
-Anda, dime mi castigo.
-Ven, acerca un poco más tu silla junto a mí, eso es, justo a mi costado.
-¿Que me vas a pedir?

Pude ver que su bulto se movía, y que el miraba mi cuerpo atentamente. Primero acercó sus manos a su cierre y después comenzó a bajárselo lentamente, ante mi mirada atónita. Luego pude ver que tenía las intenciones de enseñarme lo que tenía debajo de su cierre. Tragué un poco de saliva, no lo pude evitar y luego vi como con su mano izquierda bajaba su calzoncillo y dejaba libre aquella cosa que me dejó sin palabras.
-Se que desde hace tiempo la querías ver.
-Que...que dices...
-No te hagas la que no sabes nada, te he visto como miras de reojo y pensé que de repente te gustaría verlo sin nada que lo cubra.
-Es bien grande.
-Si, así es, ahora te voy a decir cual es tu castigo.

Yo no podía creer lo que estaba viendo, era su pene, era bastante grande y tenía pelosa los costados, primero me asustó y luego me dio curiosidad verlo. Me asustaba la idea de que alguien pudiera venir y ver lo que estábamos haciendo, pero a la vez me sentía bastante extraña, había jurado que no le diría a nadie lo que iba a pasar y ahora estaba viendo su enorme cosa dura y apuntando al techo, me excité sin saber por qué. Ahora estaba pensando que todo eso estaba mal, pero había jurado no decir nada, así que tendría que cerrar la boca.

-Agárralo...
-¿Qué...?
-Agárralo con tus manos y acarícialo...
-Esta bien...

Acepté una vez más y me dije muy dentro de mí: ¿Qué voy a perder, si nadie lo va a saber? Entonces llevé mi mano hacia aquella cosa tan grande y lo toqué con la yema de los dedos, luego lo agarré con toda la palma de mi mano y una vez que lo tenía bien agarrado con la mano escuché:
-Bien, ahora me la vas a correr.
-¿Que es eso?
-Jala con tu mano de arriba hacia abajo…y no pares hasta que te diga.

Comencé a hacer lo que él decía y aunque me sentía culpable, no sé porqué, no dije nada y hasta me gustó hacerlo. Me pidió que lo hiciera más rápido y cada vez más. Le gustó bastante y eso a mí me agradaba, sabía que lo estaba haciendo bien por la cara que él estaba poniendo. Era un hecho que a él le gustaba y a mi la excitación me tenía controlada. Sentí como mi vagina se comenzaba a poner húmeda y el clítoris se me ponía duro. Con mucha vergüenza llevé mi otra mano encima de mi braguita y comencé a sobarla en la parte que cubría la concha, me sentí aliviada y vi cómo él mi miraba. Mi cara se puso roja de tanto placer y por algún motivo miraba su pene como si fuera lo que necesitaba. No sabía con exactitud como es que sentía lo que sentía, pero me encantaba pasarme la mano por encima de la ropa interior para sobarme la vagina, se sentía riquísimo y no podía aguantar la necesidad de hacerlo.
Una vez que pasó mi castigo, él terminó por botar un liquido blanco que chorreó por mi mano y después me dijo que si quería seguir jugando. Yo dije que sí, así que una vez que guardó su pene comenzó el juego. De inmediato fui vencida de forma aplastante. No lo podía creer, una vez más era un castigo que debía afrontar.

Me pregunté si me diría para otra vez para hacerle lo mismo.

-Párate frente a mí.
-Ya, ya me paré.
-Ahora arrodíllate.
-Ya me estoy arrodillando.
-Ahora vas a sacar mi pene y lo vas a chupar.
-Pero eso nunca lo he hecho...
-¿Y eso que tiene que ver? Tú solo hazlo.
Recordé que era la ley tener que sufrir el castigo sin tener opción a reclamo. No tenía otra opción, abrí su cierre y saqué esa cosa tan grande y una vez más la tenía en la mano. Me dijo que la chupara como si fuera un helado, así que eso si lo sabía hacer perfectamente, porque cada vez que podía me comía un helado. Sonreí un poco y él se dio cuenta que estaba perdiendo el miedo y me dijo que las mujeres lo hacían y que era algo normal que yo se la chupara. Me dijo que su esposa se la chupaba todos lo días. No se porqué pero eso me excitó aún mas. Sentí como se me ponía dura la zorra otra vez y mi clítoris se endurecía más que la vez anterior y se me humedecía la vagina.
Con mucho cuidado pero de forma decidida acerqué mi boca a su pene y saqué mi lengua y con un poco de esfuerzo di mis primeros lenguetazos. Seguí lamiéndola hasta que él me dijo que me la tenía que meter a la boca para empezar a chuparla. Yo en ese momento estaba bien obediente, así que me la metí a al boca la empecé a chupar sin parar, él empezó a meterla y sacarla de mi boca como desesperado.
-¿Por qué haces eso? Me estas ahogando.
-Es que no todos los días me la chupa una chica rubia como tú… eres una princesa amor.
-Gracias, pero no me ahogues.
-Tú solo sigue chupándola...
-Esta bien...

Mi boca nunca antes había tenido una pichula adentro, así que además de que era bien grande y no me cabía en la boca, no sabía como hacer para no ahogarme. Mi braguita estaba mojada y a mi edad estaba arrodillada, en sostén y con solo una braguita en la parte de abajo, con una pinga enorme en mi boca, chupándola desesperadamente como si de eso dependiera mi vida. Si mis papás hubieran sabido que su hija rubia estaba casi calata chupándole la pinga a un hombre en lugar de hacer la tarea con su amiga, me hubieran estrangulado en el acto.

Pero no se iban a enterar, así que eso me salvaba y yo seguía cumpliendo con mi castigo, sentía que esa vergota era lo que necesitaba, me avergonzaba pero creí que era mejor no desaprovechar el momento y seguir haciendo lo que me gustaba.

En mi calzón se notaba que mi concha estaba mojada, porque el calzón estaba mojado, sentía unas ganas inmensas de meterme la mano a la zorra, pero cuando menos lo sospechaba Carlo comenzó a bajar sus manos por debajo del calzón y se acercó a mi vagina, estuvo acariciando la parte de la entrepierna alrededor de mi parte intima y yo solo quería en ese momento que me la tocara, sus manos me provocaban un éxtasis que nunca antes había sentido. Acarició muy cerca de mi vagina, acercándose bastante. Pero sin llegar, yo estaba a punto de llevar su mano hacia mi concha, pero justo en ese momento se vació en mi boca, derramando toda su leche en mi boca.

Era para no creer todo lo que estaba pasando. Herida en mi amor propio, pedí un juego más, a lo que él dijo que cada vez los castigos iban a ser más duros y que si yo perdía iba a sentir mucho dolor. No me importó y con una cara de soberbia le dije que si, que lo aceptaba todo con tal de poder seguir jugando para poder vengarme. De nuevo comenzó el juego y caí aplastada, no sé si sería porque yo quería seguir siendo castigada o por que ya en ese momento no tenía cabeza para poder ganar.

-Ahora párate encima de la silla...
-Apúrate, dime mi castigo.
-Bájate las bragas, que te voy a cachar...

Sus palabras retumbaron en mis oídos, jamás me habían tratado así, mi cuerpo se estremeció al saber que sería cachada inevitablemente. En el primer segundo me quedé muda, no sabía que decir, pero sabía que el castigo no aceptaba reclamos.

-Espera, mejor primero échate en el sillón de allá y espera que voy a darte algo que va a hacer que no te duela mucho.

Me quedé fría, sabía que debía cumplir con mi palabra y que quisiera o no él me iba a cachar. No sabía que hacer, por un lado quería saber que era lo que se sentiría y por otro me resistía a que me metiera esa cosota por la vagina. De un momento a otro di mi respuesta:
-Está bien...
-Ahora échate en el sillón y bájate las braguitas despacito.
-Ya, ¿Pero no me vas a pedir que te la chupe de nuevo?
-Bueno si quieres puedes chupármela, hasta que se te canse la boca, por mí no hay problema.

Rápidamente llevé mis manos hasta su cierre, en donde ya estaba su pene bien duro otra vez y me lo puso en la boca, yo estaba sentada en el sillón y los videojuegos pasaron a ser cosa olvidada. Era enorme, lo tenía bien grande, así que tuve mucho miedo de pensar lo que se me venía en los próximos minutos, además nunca había tenido un pene en mi vagina, estaba sudando, y pensaba que si quería podía agarrar mi ropa y salir corriendo, pero no pude. Las piernas me fallaron, tal vez porque sí quería quedarme y saber que se sentía tener ese miembro en mi parte más intima.

Se vació otra vez en mi boca y esta vez me dijo que me la tomara toda, así lo hice, su semen sabía extraño, pero no feo. Con la boca llena de eso, casi me atoré, pero luego me di cuenta que a pesar de ser espeso, se podía pasar con facilidad, estaba bien caliente.

Me levantó con sus fuertes brazos y aprisionándome a su cuerpo me dio un beso en la boca que nunca olvidaré. Me sentí completamente enamorada de él y quería que me cachara de una vez, no importaba si me dolía, solo quería sentir esa cosota entre mis piernas. Me echó en el sillón y me bajó las bragas despacito, sentí una excitación enorme en ese momento, y allí estaba él, viéndome la concha mojada y dispuesta al sacrificio. Era el primer hombre que me veía la concha, el primero que me iba a meter su pene y yo quería que fuera ya.

Cuando mi calzón hubo llegado a la parte de mis rodillas se detuvo un poco y comenzó a besarme los muslos y eso me puso muy caliente. Quería que me cachara ya, pero sentí delicioso cuando se iba a cercando con su lengua a mi zorra, quería explotar de placer cuando comenzó a abrirme las piernas y a meter su boca entre ellas.

Con su lengua pasaba muy cerca de mi zorra y daba círculos alrededor de ella, eso me enloqueció y comencé a dar gemidos de placer y a jalar su cabeza para que me besara la vagina. Estaba calentísima y súper húmeda, cuando llegó su boca hasta mi clítoris jugó con el, se lo chupaba y le daba vueltas con su lengua. Llegó a mi vagina y la chupó de una forma que me hizo ver las estrellas, sentí cómo mi cuerpo se estremecía de placer y boté un líquido por la concha que lo llegó a mojar, siguió chupándome la vagina y en seguida sentí otro orgasmo fuertísimo.

En esos momentos yo solo era una máquina lujuriosa sedienta de más placer, él se apartó a un lado y entonces supe que el momento de ser penetrada por primera vez había llegado. Separé las piernas lo bastante como para que su fornido cuerpo pudiera acomodarse a mí. En ese momento sonó el timbre de la casa, alguien o alguna visita había llegado a la casa, pero él me dijo que Carolina y su madre no volverían hasta mañana, así que como no era nadie importante no deberíamos hacer caso del timbre.

Cogió su pene y apuntó hacia mis labios vaginales.

-Ohhh si…..cáchame…cáchame...cáchame...

En ese momento él tenía la punta de su cosota en la entrada de mi concha y yo ya podía sentir la gloria entrando por mi vagina. No quería esperar más, sin embargo el timbre seguía sonando, pero nosotros preferimos empezar aquello que tanto deseábamos. Sentí como empezó a empujar dentro de mí, y mis labios comenzaron a ceder. Poco a poco sentí como esa enorme cabezota se iba abriendo paso dentro de mí.

El dolor era insoportable, pero justo cuando comencé a llorar recordé que aquella tía de Carolina también sintió lo mismo y lo había disfrutado bastante.

Se acomodó bien y esta vez pudo meterme la cabeza completa de su miembro, yo ya me sentía en la gloria y quería que entrase todo de una vez por todas. Viendo al techo, las lámparas, recordé que en ese momento debería de estar haciendo tareas y no cosas de mayores, que si mis padres me vieran así, abierta de piernas, sin calzón y con la concha al descubierto, con un hombre encima metiendo su enorme pene en mi vagina, dejándome cachar, gritando: cáchame…cáchame, de inmediato me molerían a palos y me clausurarían la concha de por vida. Pero era una travesura de adolescente curiosa y bastante lujuriosa, dejarse cachar por un hombre es algo que hacen todas las mujeres.

Muy dentro de mí sabía que estaba mal lo que estaba haciendo, pero eso no estaba en discusión, acababa de chuparle la verga, lo había masturbado con mi mano y mi boca, me había bebido su eyaculación, me había quedado en calzón delante suyo, había permitido que me saque el calzón, quedando lista para cachar delante de él, sería ilógico que después de todo eso le dijera que no le dejaba que me metiera bien al fondo de la zorra toda su verga.

Él seguía metiéndome su miembro y yo comenzaba a gemir y a llorar, primero era lento, pero después que me hubo metido la mitad comenzó a hacerlo más fuerte cada vez. Por fin llego el momento en que llegué a tener toda esa cosota en mi zorra, que estaba caliente y me quemaba pero me gustaba y no querría que me la sacara. Él, muy sabido, me la metía y sacaba haciéndome doler más y mas, y sufrir al ver que no la tenía segura dentro de mí, eso de que me la meta y me la saque era una verdadera bomba, pues él sentía lo apretado que estaba su pene dentro de mi vagina y en cualquier momento se iba a vaciar dentro de mi zorra.

Bueno, a pesar de sus esfuerzos y los míos terminó por inundarme la vagina de su leche, esta vez sentí correr su leche dentro de mí y me sentí feliz por eso. Bueno aquí acaba mi relato, espero que lo hayan disfrutado, chicos.

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