Estoy enamorado de mi compañero de piso y un dia sucedió.

Publicado el 7 junio, 2017 por friki.

Hola, soy Álvaro y este es el relato de la bonita y primera historia que tuve la suerte de vivir con mi mejor amigo Javi. Luego ha pasado otra vez y es lo que me ha animado a escribir las dos experiencias pero la segunda vez, será otro relato. Ya hace tiempo que pasó esto pero aún lo recuerdo todo como si hubiera sido ayer.

Todo comenzó cuando empecé a estudiar la carrera de veterinaria en Córdoba (España). Yo soy un chico de Málaga (a unos 150 km de Córdoba) y tuve que ir allí porque es la ciudad más cercana donde puedo estudiar esa carrera en concreto y yo tenía muy claro desde pequeño que era a lo que quería dedicarme.

El primer día de clases iba buscando mi aula cuando vi por los pasillos por primera vez a un chico por el que me sentí muy atraído inmediatamente aunque no sabía por qué, porque aunque es muy atractivo físicamente no era eso lo que me atraía en un principio. Algo en mi interior me decía que le tenía que hablar y que me iba a llevar muy bien con él. Ya sentía como si lo conociera de toda la vida aunque no lo había visto nunca antes, fue algo que jamás había sentido con nadie más. No podía dejar de mirarlo pero disimuladamente, no fuera a ser que se diera cuenta y le molestara.

Cuando entré en el aula vi otra vez al chico que entró detrás de mí, me senté en una silla y él se sentó a mi lado. Era la oportunidad perfecta de empezar a hablar así que empecé presentándome diciéndole:

– Hola. ¿Qué tal?

Él me sonrió, me dio la mano y me dijo:

– Hola. Soy Javier. Javi para mis amigos.

– Le contesté: Encantado Javier. Soy Álvaro.

En ese momento no nos dio tiempo a seguir hablando porque entró el profesor pero después de salir del aula seguimos hablando.

Me dijo que era también de Málaga y también quería estudiar veterinaria desde pequeño. Conforme avanzaba la conversación me iba dando cuenta de que éramos muy parecidos puesto que nos gustaban las mismas cosas y casi pensábamos igual.

Lo que más nos sorprendió mutuamente es que los dos habíamos nacido el mismo día y el mismo mes pero de años distintos (ambos el día 24 de mayo pero él de 1990 y yo de 1992). Esta es solo una de las casualidades que nos unen, además, frecuentemente nos pasan cosas solo cuando estamos juntos que me hacen pensar si son solo coincidencias o no. Podéis juzgar vosotros mismos ya que algunas las escribo en este relato.

Ninguno de los dos tenemos hermanos aunque nosotros lo parecemos. Yo además tampoco conocí a mi padre y éste último detalle es lo que creo que provoca que, aunque me considere bisexual, me enamore mucho más rápido de los chicos que de las chicas, sobre todo si son tan guapos, amables, cariñosos, divertidos, detallistas y en definitiva, encantadores como lo es Javi.

Por supuesto que todo esto hizo que enseguida nos hiciéramos muy buenos amigos, tanto que, cómo ambos estábamos fuera de nuestra ciudad y había muchos kilómetros de separación entre ambas ciudades como para ir y volver todos los días, decidimos alquilar un piso en Córdoba y pagarlo entre los dos. También ambos tenemos coche así que quedamos en que cuando los fines de semana volviéramos a Málaga, una semana conduciría yo mi propio coche y llevaría a Javi de copiloto y a la semana siguiente sería a la inversa.

Así pasó el tiempo y Javi y yo nos conocíamos cada vez mejor, tanto que empezamos a salir de fiesta juntos, nos ayudábamos mutuamente en los estudios, hemos viajado juntos y en grupo con otras amistades e incluso estos otros amigos se dan cuenta de esa especie de “química” que hay entre nosotros.

Javi me dijo un día que cuando me vio por primera vez pensó que nos íbamos a llevar bien, era lo mismo que había sentido yo y claramente no nos hemos equivocado, esta fue otra de nuestras coincidencias. Yo no tardé en empezar a enamorarme de Javi puesto que, además soy de personalidad enamoradiza, pero lo tenía que disimular porque a él le gustan las chicas aunque, como no tiene novia ni yo tampoco tengo pareja, tenía una pequeñísima ilusión que me hacía soñar con poder ser yo su pareja.

El disimular a veces se me hacía muy difícil sobre todo cuando Javi salía de la ducha sin camiseta. Me ponía literalmente malo cuando veía ese precioso pecho de músculos bien definidos con algunos pelillos entre los pectorales y una fina línea de vello que bajaba desde su ombligo y se perdía tras el elástico del pantalón.

Yo estaba ya completamente enamorado de Javi pero esto hacía que me sintiera mal porque en el fondo sabía que él era inalcanzable para mí, como un amor prohibido. Muchas noches lloré en la cama mientras me masturbaba, deseando tenerlo junto a mí, soñando que me hacía el amor y a la vez pensado que era imposible que sucediera.

Un domingo por la tarde, cuando estábamos en el cuarto curso de la carrera, yendo hacia Córdoba en su coche, yo iba a su lado mirándolo mientras me hablaba. Íbamos bromeando y riéndonos cuando, después de una pequeña broma sin importancia que le gasté, él se empezó a reír pero enseguida se volvió a poner serio. Me miró un segundo apartando la vista de la carretera y yo le pregunté:

– ¿Qué pasa?

– Me respondió: Nada.

Yo ya lo conocía bien y sabía que algo había pensado aunque no me lo quisiera decir, y yo en ese momento aún no sabía qué era. Nos quedamos callados un rato, hasta que ya estábamos cerca de Córdoba, momento en el que Javi me volvió a mirar fijamente y me dijo:

– Álvaro…

Yo también lo miré y un poco más serio le dije:

– Qué pasa Javi.

Lo que hizo era lo último que yo hubiera esperado de él. Se acercó a mí y me dio un beso en la boca. Me dio un subidón de adrenalina como si me hubiera montado en una montaña rusa. Todo ocurrió en pocos segundos pero suficientes para que el coche casi se saliera de la carretera porque al acercarse a mí giró sin querer un poco el volante. Rápidamente yo cogí el volante y volvimos al centro del carril. Me pegó un susto tremendo pero afortunadamente no pasó nada. Javi entonces empezó a pedirme perdón muy avergonzado diciendo:

– Lo siento, lo siento, lo siento.

Pero una vez pasado el susto, cuando me di cuenta de que me había besado dije muy sorprendido y mirándolo:

– Javi.

Me sentí tremendamente feliz interiormente. Luego él me preguntó:

– ¿Qué has sentido?

Entonces me empecé a reír y al ponerme serio de nuevo, sentí la confianza suficiente para decir:

– Me ha encantado. Y añadí: Pero… ¿Cómo es posible que tú…?

No me podía creer lo que había pasado, era como uno de mis sueños pero había pasado de verdad. Javi entonces me respondió:

– Lo estabas deseando, se te notaba en la cara.

Esto es otra de las cosas que demuestran que hay algo especial entre nosotros, nos entendemos perfectamente con solo mirarnos. Yo de todas formas, él sabía que soy muy expresivo con la mirada porque todo el mundo me lo dice pero con Javi había intentado disimular (al parecer no lo había hecho muy bien) pero me dio igual porque así había conseguido que Javi me besara. Entonces me empecé a reír de nuevo y entre risas le dije a Javi:

– No te he devuelto el beso porque ya casi nos matamos con el que me has dado tú, pero espera a que lleguemos al piso.

Me mordí los labios y Javi se empezó a reír también. En ese momento ya nos quedaba muy poco para llegar así que en 10 minutos estábamos aparcando.

En el momento que tardamos en subir al piso hicimos como si no pasara nada pero nada más entrar y cerrar la puerta, me abalancé sobre Javi y lo besé. Sus labios son los mejores que he besado en mi vida, carnosos, suaves y muy bonitos. Ese día además llevaba una barba de tres días que a veces se deja y que le sienta genial.

Luego lo abracé fuertemente y por fin pude decir aquello que deseaba decir desde hacía demasiado tiempo y que no me atrevía:

– Te quiero Javi.

Al decirlo noté como si me quitara un gran peso de encima. Él sonrió y me dijo con su bonita y masculina aunque suave voz:

– Lo sé.

Yo estaba muy caliente y solo deseaba que Javi me follara pero no estaba seguro de que él quisiera llegar tan lejos, aun así, probé a ver qué pasaba si me quitaba la camiseta. Lo hice y me quedé mirándolo fijamente a los ojos, él se llevó las manos a la cara y se empezó a reír, yo me mantenía serio.

Cuando se dejó de reír también se quedó mirándome y se fue poniendo serio hasta que, un momento después, se empezó a desabrochar la camisa lentamente. Yo me puse a temblar de nervios, no creía que fuera a conseguirlo. Cuando se desabrochó y quitó la camisa yo me alejé un poco de él y miré su precioso pecho sin necesidad de disimular por primera vez. Luego le acerqué las manos lentamente, las puse en sus hombros y muy suavemente fui acariciándolo pecho abajo. Él me miraba con esa media sonrisa que me derrite. Un momento después me dijo:

– ¿Te gusta?

– Yo me reí un poco y dije: Me vuelves loco.

El también se rió y yo, que ya me había atrevido a decirle que lo quiero y me había sentido tan bien, me atreví a decirle también:

– Cuando sales de la ducha sin camiseta, me pones malo al intentar reprimir las ganas de mirarte y acariciarte.

– Él me contestó: Vaya. Lo siento. Si me hubiera dado cuenta antes no lo hubiera hecho más.

– Respondí: No te preocupes, me encanta que lo hagas.

Yo en aquella época era delgado, sin músculos marcados como Javi. Suelo depilarme totalmente el pecho, el culo y las axilas, recortarme el vello púbico para dejarlo bien cortito y dejarme el pelo en brazos y piernas aunque tampoco es que tenga demasiado. Mido 180, él es más o menos igual de alto, ambos somos de ojos marrones pero él los tiene más claros, de color miel. Tenemos el pelo oscuro y ni largo ni demasiado corto, somos de piel clara aunque en verano, al ir a la playa o al campo, nos ponemos bastante morenos.

A continuación, me volví a acercar a él y le dije con voz suave y mordiéndome los labios:

– Déjame hacerte disfrutar esta noche.

Él me sonrió y me dijo:

– Aquí me tienes.

Fuimos a mi cuarto. Una vez allí me puse detrás de él y acaricié su ancha espalda, luego lo rodee con mis manos y las puse sobre sus pectorales. Me encantó notar los latidos de su corazón, el calor de su cuerpo y la suavidad de su piel.

Poco a poco fui bajando una mano hasta llegar a su ombligo, después, solo con un dedo, seguí bajando siguiendo esa línea de vello fina que tanto me excita. Sin querer le hice cosquillas. Bajé hasta llegar al filo del pantalón. Sin desabrocharlo, metí la mano buscando su polla. En ese momento Javi suspiró y se inclinó hacia atrás, así que aproveché para besarlo en el cuello.

Por fin alcancé su polla y puse la mano en ella. Aún no estaba dura pero se la comencé a acariciar y enseguida empezó a responder.

El pantalón era tipo vaquero. Debido a esto había poco hueco dentro, por lo que, un momento después, cuando ya la tenía más dura, saqué la mano, le desabroché el pantalón y muy suavemente se lo bajé hasta las rodillas.

Por primera vez pude ver su polla. El corazón se me aceleró y me puse más nervioso aún. La tiene más larga que yo y sobre todo más gorda (a mi me mide unos 17 cm). Tiene también el vello púbico recortadito pero más largo que yo.

De repente empecé a salivar mucho y yo, que me daba cuenta de las reacciones que estaba teniendo mi cuerpo, solo deseaba que llegara el momento de tener esa polla dentro. Pensé: “Me estoy convirtiendo en una putita”, pero a estas alturas no me pensaba arrepentir de nada.

Un poco después, cuando Javi ya tenía una buena erección, le pedí que se sentara en la cama. Él me hizo caso. Yo me agaché delante y le quité lentamente los zapatos, los calcetines y terminé de quitarle los pantalones y calzoncillos dejándolo por fin totalmente desnudo frente a mí. Yo pensaba que se iba a sentir incómodo al estar desnudo delante de un chico, pero nada de eso, (o al menos no lo aparentaba). Javi me miraba con una pequeña sonrisa pero sin decir nada, esperando a ver que decía o hacía yo.

Mi polla también estaba ya completamente dura y me dolía un poco de tenerla aún encerrada dentro del pantalón pero todavía no me la saqué. Para no hacerlo esperar más, dije:

– Cierra los ojos.

– Javi me preguntó: ¿Para qué?

– Contesté: Hazlo. Confía en mí y no los abras

Él lo hizo. Yo solo quería que cerrara los ojos a modo de juego para que no viera como me acercaba a su miembro y así fuera una sorpresa el momento exacto en que me la metiera en la boca.

Lentamente me fui acercando, controlando a la vez que no abriese los ojos. Cuando ya estaba muy cerca eché mi aliento en su polla. Javi dio un pequeño repullo, inmediatamente después, me la metí hasta el fondo rápidamente y él volvió a dar otro repullo así empecé a chupársela con intensidad y ganas, ajustando fuertemente mis labios a su polla, intentando hacerle la mejor mamada que le hubieran podido hacer en su vida. A veces tenía que parar unos segundos porque me atragantaba para darme un respiro o porque se me cansaba la mandíbula.

Una vez estuvo bien mojada se la agarré por la base y empecé a masturbarlo a la vez que le daba vueltas con la lengua a su puntita, con esto conseguí que le temblaran un poco las piernas. Luego se tumbó en la cama y aproveché para acariciarle todos los rincones de su cuerpo donde llegaba con las dos manos, piernas, manos, cintura y lo que más me gustó, sus abdominales duros y un poquito marcados.

Escuchaba a Javi suspirar de gusto por lo que continué chupándosela lo mejor que sabía, esta vez, haciendo rozar su polla con las paredes interiores de mi boca. Luego agarré suavemente sus huevos y extendí la saliva que había chorreado para empezar a succionarlos alternando uno y el otro.

Por último, se la comencé a lamer varias veces con la punta de la lengua desde los huevos hasta la punta y a mordisquear muy suavemente por los lados antes de Javi me parara diciendo:

– Tío para. Ya es tarde y mañana hay que madrugar.

Me sorprendió que me dijera eso porque yo creía que le estaba gustando pero aún así paré. Él se volvió a incorporar en la cama, se levantó y se puso los calzoncillos.

Yo no me creía lo que estaba pasando, estaba disfrutando de esa mamada que le estaba haciendo con todo mi amor y de repente ¿acabar así?, ¿por qué?, no lo entendía. Yo que estaba empezando a cumplir mi sueño no quería que esto terminara así que pensé: “Tengo que decirle que quiero que me haga el amor, ahora o quizás nunca”, aunque me lo había reprimido durante tanto tiempo que cuando quise decírselo, solo pude llamarlo por su nombre. Él ya iba hacia la puerta pero cuando lo llamé, se paró, lo escuché reír, se giró hacia mí y vi que estaba conteniendo la risa. Me preguntó:

– ¿De verdad pensabas que te iba a dejar así?

Me di cuenta de que había sido una broma y me sentí muy aliviado, me empecé a reír también y le dije bromeando.

– Eres un…

Esta pequeña broma me sirvió para romper eso que me impedía decirle que quería que me lo hiciera. Javi volvió a mi lado y me puso las manos en los hombros mientras se mantenía muy serio. Su mirada me transmitió la seguridad suficiente para decir aunque en voz baja:

– Házmelo.

Él agachó la cabeza y cerró los ojos un momento, luego los volvió a abrir y me preguntó aguantando una pequeña sonrisa:

– ¿Tienes un condón?

Entonces fui a coger mi cartera porque tenía uno guardado. Se lo dí temblando de nervios. Él también debía estar nervioso pero no se le notaba. Luego me tumbé boca arriba en la cama y Javi también se tumbó a mi lado. Seguidamente, con un poco de saliva ya que no teníamos lubricante, empecé a preparar mi culo para lo que estaba por llegar. Luego le pregunté:

– ¿Estás nervioso?

Él quiso aparentar que no pero yo me dí cuenta de que sí que lo estaba porque lo conozco muy bien e hizo un pequeño gesto que hace sin darse cuenta cuando se pone nervioso y esto lo delató aunque no le dije nada.

Él se puso el condón y se colocó de rodillas delante de mí, el corazón se me iba a salir por la boca. Ninguno decíamos nada pero no nos dejábamos de mirar fijamente a los ojos. Levanté las piernas y él se lubricó también un poco con saliva. Me preguntó:

– ¿Estás listo?

Asentí con la cabeza ya que no me salían las palabras. Cogí suavemente su polla y la llevé a mi culo. Inmediatamente después Javi empujó fuertemente, me dolió un poco por lo que di un pequeño grito y le dije:

– Hazlo poco a poco por favor.

– Me dijo un poco preocupado: Perdóname ¿Te he hecho daño?.

– Pero lo tranquilicé diciéndole: No, no te preocupes. Pero ve despacio.

Me la sacó de nuevo, la lubricó un poco más y volvió a intentarlo. Esta vez sí fue mucho más delicado, notaba como muy lentamente me iba entrando y sintiéndome repleto. Conforme iba metiéndomela Javi iba inclinándose sobre mí y yo iba recogiendo las piernas sobre mi pecho.

Poco a poco me la consiguió meter entera hasta que noté sus huevos rozando mi culo y su vello púbico en mis huevos y, aunque noté un poco de ardor, no dije nada porque yo solo quería disfrutar sabiendo que le estaba dando placer a él. Le pregunté:

– ¿Te gusta?

Él solo resopló y me hizo un gesto con la cabeza que yo interpreté como un sí. Le sonreí y le dije:

– Es solo para ti.

Empezó a moverse suavemente, me sorprendió la habilidad que tiene moviendo la cintura. Yo me dejé hacer lo que él quisiera, después le puse las manos en la espalda y lo abracé.

Me encantó sentir como se movía dentro de mí, sentir su fuerza, el calor de su cuerpo, el olor de su perfume y escuchar sus suspiros y jadeos. Todo esto me llegó a relajar mucho y ponerme aún más caliente.

Hablábamos poco, no nos besábamos ni nos acariciábamos, aunque no nos dejábamos de mirar. Quizá para él solo fue sexo pero para mí fue mucho más, era un sueño cumplido y era hacer el amor con el chico que más quiero. Él a veces parecía pensativo y debido a esto yo quería pensar que para él también estaba siendo especial. Un poco después, me la sacó y me dijo:

– Date la vuelta.

Yo enseguida lo hice y me puse a cuatro patas. Javi me sujetó por la cintura y así me volvió a penetrar. Esta vez lo hizo más fuertemente. Empezó a moverse de nuevo y sus embestidas también eran más fuertes que hasta el momento.
Yo empecé a masturbarme porque quería correrme antes que él pero al poco tiempo Javi me dió unas embestidas muy fuertes que me hicieron gritar. Me sacó la polla rápidamente y se corrió en mi espalda.

Yo también estaba apunto de correrme ya, así que me puse derecho e inmediatamente después di un gemido y me corrí echando varios chorros de leche calentita sobre mi pecho, intentando no manchar las sábanas. Salió con bastante fuerza y un poco me salpicó en la barbilla. Tuve un orgasmo bien intenso, de los mejores que recuerdo.

Cuando me giré y lo vi me di cuenta de que había conseguido lo que yo más quería, hacerlo disfrutar ya que se veía acalorado y jadeante. Con esto yo ya era feliz.

Luego se dejó caer en el colchón y yo me limpie su leche de la espalda y me tumbé boca arriba a su lado. Se había corrido bastante también. Javi me miró y me preguntó:

– ¿Estás bien?

Le contesté:

– Ha sido maravilloso.

Luego pasó algo que fue lo que más me hizo dudar de que las cosas que nos pasan a veces y solo cuando estamos juntos sean simplemente casualidades o sean cosa del destino, además él debió pensar lo mismo. Estiré los brazos y sin querer tiré el mando a distancia de un reproductor de música que estaba en la mesita de noche. Al caer al suelo debió pulsarse algún botón y empezó a sonar una canción que además es de mis favoritas y que bien podría haber escrito yo dedicándosela a Javi porque su letra expresa perfectamente la admiración y el amor que le tengo a Javi. La canción se titula “Para toda la vida” del grupo español “El sueño de Morfeo”. Yo me sorprendí y me empecé a reír, me resultaban increíbles las cosas que nos pasaban.

Pero todavía había algo que no entendía y es que cómo Javi siendo hetero había hecho algo así. No pensaba quedarme con la duda y se lo pregunté:

– Javi. ¿Cómo es que gustándote las chicas…?

Él se rió y dijo: ¿Seguro que quieres que te lo diga?

– Claro.

– Está bien, pues verás. Es que yo sabía que tú me querías pero creía que me querías como yo te quiero a ti, no pensaba que estuvieras… enamorado. Pero una noche pasé por delante de tu cuarto y te escuché decir mi nombre, se me ocurrió mirar por una rendija y, aunque estaba oscuro, me pareció que te estabas haciendo una paja.

Me dio mucha vergüenza que me hubiera pillado y yo sin saberlo.

Continuó diciendo: Al principio me sorprendió, luego recordé algunos detalles y al final me di cuenta de que te habías enamorado de mí.

-Y ¿no te molestó?

– Me sorprendió, es lo que quise decirte está tarde, antes de besarte.

Por último añadió riéndose: Además si te digo la verdad, me hiciste tener curiosidad de cómo sería el hacerlo con un tío y lo he hecho sólo porque eres tú.

Yo también me reí y, cómo había visto la habilidad que tenía moviéndose, le pregunté aunque dudando entre hacerlo o no:

– Javi ¿Te puedo hacer una pregunta?

– Claro que sí.

– Si no quieres, no me contestes.

Asintió con la cabeza y le pregunté: ¿Ha sido tu primera vez… anal?

Dudó un poco en contestarme pero al final me dijo:

– Con un chico, sí.

Yo me mordí los labios, cada cosa que averiguaba de él me ponía más caliente. Un momento después me entró hambre y nos dimos cuenta de que no habíamos cenado y ya era tarde así que nos levantamos, nos duchamos por separado, cenamos un poco y nos volvimos a acostar.

Me metí en la cama y cuando Javi pasó por la puerta de mi cuarto se paró y me dio las buenas noches. Yo le quise decir que se quedara conmigo lo que quedaba de noche pero al final no le dije nada porque tampoco creí que él quisiera y no quise incomodarlo. Le contesté:

– Hasta mañana.

Este ha sido el relato de nuestra primera vez .Ahora escribiré la segunda, que ha sido mucho más especial y cuando lo tenga terminado lo publicaré también en frikinternet.com

Espero que os haya gustado.

Relato erótico gay enviado por Álvaro.

Comentarios

  • Héctor

    Guau, genial. Me ha encantado. Muchas gracias por compartirlo, de verdad. Esperaré con ansias el segundo!
    Y me alegro muchísimo que de alguna manera, consiguieras lo que querías ^^

  • Vexx

    Deberias publicar alguna foto de ambos para imaginarlo mejor jeje

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