Cómo ligar en el metro con roces y miradas para tener sexo anónimo.

Publicado el 24 febrero, 2019 por friki.

Como la mayoría de los capitalinos gays y heteros que trabajamos en oficinas al centro de la ciudad de México, me transporto en el bendito metro de la CDMX. Es la parte más castrosa de mi día debido a la cantidad absurda de gente que trata de movilizarse para llegar a tiempo al trabajo. Si bien son 45 minutos de bastante estrés si te pones al tiro puede ser la relajada que necesitas para empezar o cerrar bien el día. Aquí van consejos para ligar en el metro, unos trucos que te ayudarán a conseguir sexo con desconocidos: Te vas al final del andén, hasta atrás, mientras más gente haya mejor, escoge un vagón que vaya lleno, si es necesario te esperas un par de “metros”, ese es el cover: tu tiempo.

Yo entro a la oficina a las 9 de la mañana, eso me hace transportarme por la línea 9 (café) aproximadamente 7 estaciones a las 8:20 mas o menos. Está hasta la madre, entonces el desmadre y los arrimones están a la orden del día. Esto me pasó el día miércoles de la semana pasada. Ya estaba intentando entrar en la estación Ciudad Deportiva. El metro estaba llenísimo de tanto cabrón caliente y closeteros tratando de desahogarse con una arrimada antes de llegar a metérsela a sus novias.

Lo vi, me vio, nos vimos. Empezaba entonces el flirteo entre los dos. Cabrón de 1.85 mínimo, en sus 40s, canoso, con bigote, solamente tenía bigote, no barba y eso me calentó muchísimo. Enseguida me imaginé empinado sintiendo ese bigote en el culo mientras me comía los huevos y el ano. Se veía ejercitado, no un monumento de gym pero grueso, fuerte, con mirada dominante, de quien ya sabe que te la va a meter cuando quiera y cómo quiera. A mí me calentó verlo tan macho, tan hetero, seguro de sí mismo,… Me lo imaginé en su oficina con esa camisa abierta hasta el segundo botón emanando vello negro y esos Dockers marcándole unas nalgas enormes que después tendría el placer de comprobar que así eran: enormes, pero eso se los cuento luego.

Lo vi subiendo al vagón, me vio y enseguida me paré frente a él. Estábamos a menos de 5 centímetros de distancia y nuestras caras quedaban casi juntas debido a que yo mido mas o menos lo mismo que él. En menos de 30 segundos nuestros cuerpos estaban completamente juntos de frente. Su cara permanecía inmutable, seguro, serio, pero sus ojos ardían, cafés, casi negros. Con una mirada casi imperceptible pero totalmente dominante me dio permiso de arrimarle la verga sobre su paquete que se sentía durísimo, y ahí fue cuando sentí como se tensó y su verga se movió casi como dando una clave. En ese momento sus ojos volvieron a dar una orden muy clara: date la vuelta.

El metro ya había cerrado las puertas y comenzó a avanzar. Él iba sosteniéndose con una mano en el techo y otra en un tubo, yo subí las manos y me agarré del techo. Estaba completamente lleno. Entonces mi cuerpo y el suyo iban “cubiertos” por los otros cabrones. Mi erección era total. Sentía cómo su bulto estaba caliente y palpitaba. Yo trataba de abrir y cerrar el culo para que él sintiera cuánta hambre tenía. Nos fuimos así dos estaciones, cada vez más lleno, cada vez más juntos. En cuanto hubo movimiento él aprovecho para bajar rápidamente la mano y acomodarse la verga adentro del pantalón. se la puso de lado para que yo pudiera sentirla por completo. Después volvió a subir la mano pero ahora yo ya sentía toda esa reata, caliente y curva, hinchada pero aún se notaba que podía crecer más.

Chico en el metro

De pronto el pinche metro se frenó y todos nos movimos a la izquierda. Yo no me iba agarrando de nada así que estaba a punto de salir disparado a la izquierda. Entonces sentí como bajó su mano y me sostuvo de la cadera (casi me vengo por su caballerosidad jajaja) y no volvió a subir la mano. En cuanto todos se volvieron a acomodar él ya llevaba una mano amarrándome media nalga y la cadera y sentía como me apretaba y respiraba muy cerca de mi oreja. Yo me trataba de comer su verga con el pantalón puesto, me arrimaba el bulto mientras me apretaba la cadera. Incluso en un momento le valió verga y me mordió una oreja, yo estaba goteando cabrón, pero pasamos Centro médico y la gente bajó. Definitivamente había conseguido ligar con este hombre en el metro.

Entonces se abrió un poco de espacio y creí que todo había acabado pero no me moví, él tampoco se movió, en cambio bajó la otra mano y me agarró del otro lado, me llevaba agarrado de la cadera. Los otros weyes nos veían, entre curiosos y calientes, entonces empezó a moverse descaradamente de atrás para adelante jalándome de la cadera. Yo seguía con las manos arriba, pegando el culo hacia atrás.

Llegamos a Patriotismo y me apretó dos veces rápidamente con las manos e hinchó la verga, la señal fue clara: bájate.
Esa estación siempre ha tenido algo que me calienta, son las luces, bajitas y cálidas. Allí nos bajamos como desconocidos, dimos 5 pasos y yo me puse los audífonos en el cuello para que supiera que estaba dispuesto a hablarle. Nos empezamos a quedar atrás y en ese momento se volteó y me extendió la mano.

– Soy Sebastian, mucho gusto, ¿tienes tiempo?
Le dije mi nombre y moví la cabeza asintiendo, solo pregunté donde. Él se sobó el bulto sobre el pantalón y me dijo – aquí, ahorita -. Me calentó muchísimo su tono, su voz era perfecta, gruesa y decidida, se volvió a apretar el bulto y me señaló las escaleras eléctricas. Avanzamos. Yo estaba petrificado del miedo, los nervios y la calentura. Yo usualmente soy activo pero en esta ocasión sentía como mi culo pedía verga. Quería tener a Sebastian hasta el fondo y mi culo lo sabía. Yo tomé la delantera y estaba a punto de tomar las escaleras eléctricas cuando me tomó del hombro y me apretó muy fuerte. Me dolió y eso me acabo de calentar.

Me decidí, giré y le dije
– A chingar a su madre, métemela.
Él solo sonrió y se bajó el cierre. No traía calzones el cabrón y se le notaban los pelos de la verga! Me quedé parado ahí en las escaleras y para ese momento ya no había nadie. Él se regresó un poco y en ese momento llegó otro metro. Se bajaron los Godinez y él se quedó ahí revisando. Se volvió a quedar vacío y él volteó. Me hizo una seña con la cabeza y dijo
– Órale.

Yo confié en él y me volteé, me baje el pantalón y me llené los dedos de saliva. Volteé por el hombro y vi cómo se sacó la verga. Un pitote delicioso, moreno claro y cabezón, con una curva a la derecha que invitaba a hincarte y mamarlo hasta la garganta. Se escupió en el pito, yo me llene el culo de saliva y me empujé un dedo de un chingadazo. Me dolió pero no me importó un carajo. Me saqué el dedo y me volví a escupir, él ya estaba encima de mí. Teníamos máximo 3 minutos para aventarnos la maroma. Levantó mi playera, me volví a poner saliva y el volvió a escupir, me tocó el culo con los dedos, me metió uno, se lo llevó a la boca y lo volvió a meter. De pronto me agarró del cabello, me dio una nalgada y me apretó hacia él y dijo
– Cálmate cabrón.
Otra vez una orden clara y mi instinto fue obedecerlo. Por suerte yo traía el culo limpísimo y recién depilado, igual que la verga. En la mañana tuve tiempo extra y me limpié bien con un enema anal por si salía algo, aunque no sabia que iba a usarlo tan pronto. Qué alivio me dio saber que estaba limpio y suave.

Me pasó un brazo por arriba del hombro amarrándome una tetilla por dentro de mi playera ya muy levantada. Él solo se abrió el zipper. Yo estaba ahí con los calzones en las rodillas y la playera levantada hasta las tetas y una pinche erección de caballo. Empezó a empujar. A mi se me salió un grito, tenía como 4 años que nadie me penetraba. Inmediatamente me tapó la boca con la otra mano y siguió empujando. En cuanto menos me di cuenta ya estaba dentro. Toda. Palpitando. Calentísima. Me estaba quemando el culo.

Pensé que el dolor iba a hacer que me arrepintiera pero su voz me volvió a convencer.
– Cómetela todita puto.
E inmediatamente el dolor pasó y llegaron unas ansias cabronas de sentirla más y más adentro. Me empecé a echar para atrás y con la mano con la me jalaba la verga le empecé a agarrar los huevos. Lo jalaba hacia mí, lo quería más adentro, quería sentir cada vena. Sus huevos estaban rasurados, apenas le crecía el vello y eso me calentó más.

Empecé a gemir y a moverme como perra, usualmente soy dominante pero estaba irreconocible. Mi hambre de pito era mayor a mi vergüenza. Me encantaba gemir y sentir su mano en mi boca, sus embestidas eran rapidísimas. Me pellizcaba los pezones y de pronto me soltó un manazo en la verga y me puso a delirar. Sentía como me dolía el culo pero también pedía más, quería leche, necesitaba sentir cómo se venía dentro. Necesitaba estar todo el día con su semen dentro de mí, y de pronto fue como si me leyera la mente y me dijo:

– Ahí te van, guárdamelos putito.
Y sentí como su verga se hinchó aún más, me jalo hacia él y me la clavó aún más adentro. Me dolió muchísimo pero sentir su leche fue un alivio para mi lastimado y nada preparado culo. Otra embestida y otro chorro dentro. Fueron 4 chorros en total los que logré sentir en esos segundos. Se recargó sobre mi mientras hacía gemidos ahogados y bufos. Me pasó la lengua por el cuello y me mordió, sentí su bigote mientras me besaba el cuello. Ese cabrón sabia cómo calentar a un wey. Sonó el silbato del metro que iba llegando y esa fue la señal.

Se salió de mí, me dio una nalgada y se guardó la verga. Se subió el zipper y estaba listo. Yo me subí los calzones apresurando. Ese momento fue cuando me di cuenta que me había venido, aunque afortunadamente no me manché los pantalones. El cabrón hizo que me viniera sin tocarme la verga. Me acomodé y el metro se paró. Efectivamente nadie nos vio. Las personas empezaron a salir y él y yo nos subimos a la escalera eléctrica dejando el spot de nuestro amor atrás jaja. Yo seguía temblando y nerviosísimo. Salimos de la estación y todo normal.

– Estuviste muy bien, pásame tu número – Me dijo con la sonrisa más hermosa del mundo pero dominante, sabiendo que le habla a su nuevo culito.
Le di mi número y me dio un apretón de mano firme y con la otra mano me apretó el hombro, sonrió y sólo dijo:
– Te voy a escribir más tarde, atento.
Yo solo asentí con la cabeza y le dije “nos vemos”
Él no se volteó pero asintió con la cabeza mientras se alejaba hacia diagonal patriotismo. Yo tardé dos segundos en desapendejarme y me fui a la oficina así. Llenito de leche, con las nalgas pegajosas y una sonrisa en la cara, emocionado por pasar todo el día con el semen de Sebastian dentro del culo. Cuando llegue al elevador de mi edificio ya estaba caliente otra vez.

Él después me escribió como me dijo. Él ordena y yo obedezco. Pero ya les contaré en otra ocasión en frikinternet como siguen mis avances en el arte de ligar en el metro.

Big D.
@urtobenavides

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